viernes, 16 de septiembre de 2016

¡ Hasta luego !


Varias personas, seguidoras habituales del blog me han preguntado porqué no he seguido escribiendo, pues aún quedaron algunos centros de interés por subir.

La gente de mi entorno ya conoce el motivo, pero a quienes lo leíais  desde lejos os debo una explicación.
La razón es que he dejado de trabajar en el Primer Ciclo de Educación Infantil.

No lo cerraré porque tiene contenidos que siguen interesando a mucha gente, padres y educadores. Y tal vez lo retome para hacer compendios de actividades ordenadas según las áreas del curriculo, como alguien me ha pedido.

Mi sincero agradecimiento a quienes han visitado el blog, a quienes han dejado sus comentarios, ha quienes lo han compartido. Espero que os haya sido de utilidad.

Un abrazo para todos.

domingo, 5 de junio de 2016

Proyecto: Los alimentos III


Hace días que tenía escrita esta entrada pero un fallo en el ordenador no me ha permitido subirla. Esta es la tercera parte del centro de interés dedicado a aprender sobre los alimentos, y aunque hace ya bastantes días que realizamos estas actividades no quería dejar de reflejarlas.

En las anteriores os conté los talleres de zumos y de pizzas como recursos para trabajar diferentes aspectos matemáticos. Ahora realizamos otra para practicar el conteo, organizamos una frutería en el rincón del juego simbólico. Los peques tenían que comprar fruta nombrándola. Nada de decir “quiero eso”, sino “quiero un plátano, o una piña, o una zanahoria...”. Casi todos se sabían los nombres de las frutas principales. Pero algunos tenían dificultad para pronunciarlas. Así que hicimos ejercicios de segmentación silábica con los nombres de las frutas, para reforzar la pronunciación correcta  e ir iniciándoles en la conciencia fonológica.



video





En cuanto a la actividad en sí, al principio lo único que les interesaba era meter los alimentos en sus cestitas y trasladarlos de un lado a otro. Más bien acapararlos. Es una tendencia frecuente en algunos niños, no juegan con los juguetes pero los cogen para ellos y no se los dejan a los demás). Y manipular el dinero también les encanta. ¡Qué importantes se sienten comprando con dinero como el de los mayores! Algunos lo guardaron en el bolsillo del baby “para llevárselo a casa”. ¿Qué pensarían hacer con ello? 

Dejé que jugaran a su libre albedrío un par de días, y al tercero empecé a hacerles encargos. “Ve a la frutería y compra dos naranjas”. Y aquí vino el lío, porque, con la cantidad de frutas que había en la tienda ... ¿porqué se tenían que conformar con dos naranjas? Me traían la cesta llena,  y esto me dio que pensar, ¿será que no comprendían mi pedido o que cuando llegaban a la tiendita se les había olvidado?



Plátanos, naranjas, lechugas...
...y dinerito de verdad.


Entonces confeccioné unas tarjetitas plastificadas para hacer los pedidos, y con ellas en la mano ya sabían que era lo único que tenían que comprar y en qué cantidad . Estas tarjetas me permitieron personalizar, pues no todos los peques se encuentran en el mismo momento cognitivo. Así unos tenían que comprar una sola fruta, otros tenían que comprar dos, algunos ya hasta tres. En un segundo momento pedía cantidades combinadas, por ejemplo una pera y dos tomates, o dos tomates y dos plátanos, etc. Después en mi mesa comprobábamos si lo habían hecho bien. Y sí, el conteo y la numeración mejoran por días.

Comprar dos peras y un tomate... o tres zanahoras y dos tomates


La numeración seguimos trabajándola con una tarta de juguete preciosa, en la que tienen que poner tantas velas como indica el número, o bien servir tantos pedazos como se piden. Es un juguete muy útil para asociar cantidad y número. Pero aún estamos con el número dos.

Dos velas,  este es el número dos.



Como en cada centro de interés, también disfrutamos de algunos cuentos específicos de este tema. El primero fue “Santi no quiere comer”, una historia que desde el primer momento les cautivó, creo que porque en algún momento todos se han sentido identificados con Santi y sus melindres y caprichos a la hora de comer. 

                     

Santi, el protagonista, siempre remolonea a la hora de las comidas, así que se queda tan delgado y sin fuerzas que un día durante una excursión el viento lo levanta y se lo lleva por los aires…

Y, como los peques están al quite de todo, en los días siguientes, a la hora de la comida se chinchaban un poco entre sí, “anda que si no comes te llevará el viento, como a Santi”. Y el otro pobre lloraba porque no quería que le llevara el viento. Pero bueno, mucho lloro... y poco ejercicio de cuchara.

También vimos un cuento muy especial, que a mí me hacía reír mucho y a ellos les llamaba la atención, porque trataba de ciertos “alimentos raros” que más de una vez ha probado cualquier niño ante el horror de mamá. "Alimentos ricos y alimentos ¡buaj qué asco!". Con estas imágenes os podéis imaginar el resto...


    

También jugamos a hacer parejas con unos lotos de frutas plastificados 





Algunos días  realizamos actividades de motricidad fina y grafomotricidad. Las semanas anteriores nos hemos iniciado en el trazo horizontal y en ello seguimos. Primero trazamos en la pizarra y después vamos acotando el espacio, hasta llegar a trazar en el folio. Esta vez el trazo lo realizaron sobre bandejas de harina. 

Pero primero hay que experimentar cómo se comporta este nuevo material: tocarlo, apelmazarlo, amontonarlo, removerlo, probarlo (“no está rico, no es azúcar”, dicen lo peques). Lo único que no se podía hacer era echarlo fuera de la bandeja. Luego realizaron trazos libres y al final trazos horizontales. Pude comprobar que ya han adquirido la horizontalidad en la escritura.

La otra actividad de motricidad manual consistió en insertar palitos de pinchos morunos en los agujeritos de los escurridores,  exige mucha coordinación óculo manual, y es muy adecuada para trabajar la pinza superior.


Palillos en los escurridores



Grafomotricidad en harina

Para finalizar este proyecto, hicimos otro taller de cocina, esta vez fueron bizcochos de chocolate. Fue una mañana de alegría y alborozo, de nervios y emoción. Fue una mañana redonda, y eso que era viernes.


Un huevo, tres de aceite, dos de azúcar
Como no teníamos bastantes utensilios, para que todos pudieran experimentar por igual las diferentes fases de la elaboración pedimos a las familias que nos aportaran varillas para batir y boles. Así, con menaje suficiente, los niños podrían trabajar de dos en dos, tomando una mayor conciencia del proceso.

Lo primero que hice fue confeccionar esta receta con pictogramas. Se trataba de hacer la receta muy visual y fácilmente comprensible. Así, los peques podían seguir paso a paso el proceso, y también sabrían los ingredientes y las cantidades que necesitaban en cada fase. 

Antes de la entrada de los niños al aula ya estaba todo dispuesto en las mesas. Cuando planteo este tipo de actividades nos acercamos a la zona de trabajo con las manos sobre la cabeza. Los papás al ver la fotos se quedaron un poco extrañados. ¡Que no, que no estaban castigados! Es para que no empiecen con la actividad antes de tiempo, porque si no es así, muchas veces cogen las cosas antes de empezar, las cambian de sitio, las caen, las rompen, las desorganizan… aprender a esperar también es una habilidad importante. 



Esto es todo lo que necesitamos
Manos sobre la cabeza hasta el momento de comenzar


  













Empezamos repasando la lista de ingredientes. Miramos la receta y tenemos que ir identificando cada elemento de entre todo lo dispuesto. Esto es un bol, esto son varillas y sirven para batir, esto son los moldes, esto es el aceite, esto el azúcar…La emoción y el nerviosismo se palpaban en el ambiente. 

¡Comenzamos!
Yo voy preguntando qué tenemos que hacer, qué ingrediente va ahora, cuántas cucharadas hay que echar...Ellos miran la receta y me van diciendo. Pero no es nada fácil. Hay que contar las cucharadas de aceite, harina, azúcar… Primero sobre el papel. Después, en la práctica, la dificultad es mayor. 


Uno añade las cucharadas de azúcar, el otro las cuenta con los dedos. Uno sujeta el bol, el otro remueve la mezcla. Trabajo cooperativo en parejas.

Ella añade  las cucharadas de azúcar, él las cuenta con los dedos 

           
Ella sujeta el bol, él remueve la masa















Es una taller de cocina, pero aquí también hay mezclas y disoluciones. Con cada nuevo ingrediente que agregamos 
surge la sorpresa. Y la pequeña conversación.
— El huevo se hizo grande— comenta un peque al observar cómo aumenta el huevo batido con el aceite.
— ¿Dónde está mi azúcar?—pregunta otro al contemplar cómo se disuelve.
— Se marchó— añade un tercero para explicar que el azúcar se ha disuelto.
— No, no se marchó, si pruebas la masa, verás cómo sabe dulce, el azúcar está ahí—  tengo que aclararles.

Cuando añadimos el cacao la mezcla se vuelve de color marrón. La sorpresa es aún más grande. 
— Mira ya no tengo huevo amarillo, ahora es marrón. 
— Mira, el huevo también se marchó.

No es solo hacer un bizcocho, es poner en escena diversas habilidades cognitivas,  de lógica, de matemáticas. Es observar cómo se trasforman los alimentos al mezclarlos, batirlos, cocerlos. Es disfrutar con el proceso y con el resultado.


       
"Este huevo se hizo grande"
          
"Y ahora, ¿donde está el huevo?"
Por fin está la masa hecha y podemos rellenar los moldes. Con toda la emoción los llevamos al microondas. Se quedan de pie, mirando al aparato. La espera es puro nervio. Cuando abro el microondas se miran unos a otros excitados, y muestran su euforia con risitas y pequeños gritos. Todos quieren llevar el plato con los bizcochitos, pero está demasiado caliente.

Sentados en la mesa, un poco más tranquilos cada uno tiene que quitarle el molde. Parece algo fácil, pero no todos aciertan. Soplan para que enfríe, no pueden esperar más. Finalmente le hincan el diente. La algarabía, las risas y la emoción cesan.  El silencio es elocuente. Están comiendo su bizcochito. Están disfrutando del resultado de su propio trabajo. No quedarán ni las migas, solo los moldes vacíos.  



 
Hay que esperar a que enfríen
Umhhh!  Qué rico!



Pero todavía nos quedaba la actividad más divertida. Recoger las mesas, colocar las cosas en su sitio y fregar todo el menaje. 
Chapotear en el agua y ver cómo se tiñe de marrón. Eso sí que es entretenido.
Una forma estupenda de terminar la semana. Y el centro de interés.

Colocar las cosas en su sitio.
Fregotear, ¡qué divertido!





Lucía Antolín.

miércoles, 18 de mayo de 2016

Proyecto: Los alimentos II. Disoluciones y mezclas

Dentro del centro de interés dedicado a los alimentos también hubo momentos para la experimentación de corte científico.

Dice Silvia Vega en la presentación de su libro “0-3, Laboratorio de ciencias en la Escuela Infantil” que junto a la curiosidad, auténtico motor del niño, si se da una motivación adecuada que sirva de dirección, los niños serán capaces de iniciar un viaje experimental hacia una dimensión desconocida. Y eso es lo que he pretendido con la realización de dos talleres de tipo científico: uno de disoluciones y otro de mezclas. Y digo científico porque la observación, la experimentación, la investigación y la deducción son procedimientos que los peques han tenido que poner en escena para realizar estos talleres.

Taller de disoluciones. Con azúcar y sal gorda. O quizá debería decir taller de sabores. 





Necesitamos tarros y vasos de cristal, agua, azúcar, sal gorda, cucharas, la lupa, y útiles de limpieza para dejar todo recogido al finalizar. Utilizamos tarros y vasos de cristal para poder observar mejor el proceso, pues con los vasos de plástico cambia la percepción de las cantidades y solo es posible mirar desde arriba. Y no, ni los han roto, ni se han cortado, ni ha supuesto un peligro.

El objetivo no es solo experimentar cómo se disuelven algunas materias en el agua, también conocer el porqué unos alimentos saben dulces y otros salados. Para diferenciar estos sabores hay que empezar por el dulce, pues el salado es tan potente que no deja percibir el otro.

Coloco los azucareros llenos sobre la mesa. Ellos observan y comentan.
—Hay mucho.
—Es blanco.
—Y brilla. 

Examinan atentamente el azúcar con la lupa, y, como trabajan por parejas, uno a otro se ratifican los comentarios.
— Sí, es blanco. Parece nieve.
—Sí, y brilla. Como la nieve. — El peque que hace este comentario ha recordado una experiencia sensorial anterior y establece sus propias hipótesis.
—¿Es nieve?—pregunto.
—No, porque no está fría—¡Toma ya! Excelente deducción.

Me maravilla esta forma de hacer hipótesis y deducir la respuesta correcta. Sus compañeros le escuchan con atención y también corroboran la idea. 
—¿Qué creéis que es?
Los peques meten el dedo en el azúcar y prueban. Es la mejor forma de salir de dudas.
—Es azúcar.
—Sí, en mi casa tengo azúcar.
—Y, ¿para qué es el azúcar?
—Para el café.

Echamos varias cucharadas de azúcar en los tarros y vemos que se queda en el fondo. Probamos el agua y no sabe a nada.
—¿Qué hay que hacer para que el agua sepa a azúcar?
—No sé— contestaban todos.
—A ver, vamos a pensar. ¿Quién toma azúcar en vuestra casa?
—Mamá, así, café—contestó una peque haciendo el gesto de remover. Y al momento todos estaban diciendo “sí, sí, así”, removiendo imaginarias tazas de café

Bien, veo que ellos conocen lo que hay que hacer, pero lo que no saben es el nombre de la acción.
—Hacer así se llama remover, y lo hacen las mamás y papás con el café, con el colacao, con la comida…

Dar vueltas con la cuchara se llama remover

Removimos el agua y volvimos aprobar.
—¿Cómo sabe?
—A azúcar.
—A galleta.
—Sabe rico.
—Riquísimo.
—Me gusta.

De nuevo los niños identifican algo, esta vez un sabor, pero tampoco saben nombrarlo.
—Se llama dulce. Este sabor es dulce. Los alimentos que llevan azúcar saben dulces. Las galletas, el chocolate, las gominolas, los helados, son de sabor dulce.

Volvemos a probar el agua para afianzar esta nueva idea. Uno de los peques se queda mirando el fondo del tarro y pregunta.
—¿Dónde está? No lo veo.
—¿Dónde está, quien?
—El azúcar, ¿dónde está el azúcar? —Genial la pregunta, este chico se me ha adelantado.
—Eso, ¿dónde está el azúcar?
—Se marchó— contestan casi todos.
—No, no se marchó. Está ahí, no la vemos porque se ha disuelto en el agua, pero está ahí,  porque el agua sabe dulce.

Ellos miran con cara de asombro al frasco y vuelven a probar el agua. Algunos cogen la lupa y miran el agua para ver si encuentran el azúcar, pero nada, no lo ven.

Miramos con la lupa buscando el azúcar

—Que no está, que se marchó— insisten.
—No se marchó— tengo que explicar— es que se ha disuelto. Cuando el azúcar que echamos al agua no se ve es porque se ha disuelto en el agua, pero sigue ahí, por eso sabe dulce. No se ve pero está ahí.

Después hicimos lo mismo con la sal. Echamos varias cucharadas en un nuevo frasco con agua, pero como era sal gorda tardó mucho en disolverse.
—Mira, no se marcha.— Lo que me han querido decir es que no se disuelve.
—Ya, ¿y qué hacemos?
—Así, dar vueltas, más, más.
Ahora ya saben lo que hay que hacer, pero siguen sin nombrar la acción. Además, se dan cuenta de que hay de remover con más fuerza y más tiempo.  

La sal también se marchó
Después probamos el agua, y ¡Aaaag! Sus caras lo decían todo. 
—¿Cómo es ese sabor?
—A  asco,
—No me gusta, no lo quiero.
—¿Porqué?
—Sabe  mal.
—Bueno, sabe mal porque tiene demasiada cantidad de sal. Ese sabor se llama salado y hay alimentos que saben salados,
— Sí, el jamón— dice uno de los peques.
Claro, el jamón, las aceitunas, las patatas fritas..
Entonces repasamos y diferenciamos en una lámina los alimentos dulces de los salados.  Las patatas fritas, al jamón, el salchichón, el queso, las aceitunas...frente al chocolate, las galletas, helados...

Alimentos dulces y salados


Finalmente, ponemos pegamento sobre el salero y el azucarero y pegamos encima sal o azúcar, lo que corresponda.





Para completar el conocimiento de los sabores al día siguiente aprendimos dos nuevos, ácido, probando zumo de limón, y amargo, probando café. El sabor ácido a algunos peques les gusta y lo asimilan perfectamente con el limón. Y descubrimos que también saben ácidos el vinagre y el yogurt natural.
En cuanto al café es curioso su interés por probarlo. O por imitar a los mayores.
—Mi  mamá toma café, sí, toma café—decían algunos peques. 
Creo que en el fondo se estaban preguntando a sí mismos cómo es que mamá toma café si sabe tan malo. 
—Claro, para que no sepa amargo le echan leche y azúcar.
 —Sí,  sí—asienten ellos.

La segunda parte de esta actividad fue asociar los sabores con imágenes de cada alimento. En goteros opacos he colocado el agua salada y dulce, el zumo de limón y el café, los cuatro sabores.  Los frascos quedan en el frigo, para repetir la actividad de vez en cuando. Porque no es suficiente con hacer esta actividad una vez para que queden claros los nombre de los diferentes sabores. Seguiremos insistiendo. 

                           
Ocho goteros, cuatro sabores



Taller  de mezclas. 
A lo largo del curso ya hemos trabajado con las bandejas de sopa. Disponen de cucharas, útiles y recipientes de diferentes medidas. Llenan y vacían, trasvasan, comprueban con cuál de ellos se llenan más rápido los recipientes grandes, intentan hacer la operación inversa, verifican que para llenar un recipiente grande hacen falta muchos pequeños...pensamiento matemático en acción.  


Sopa y recipientes de diversos tamaños
Con la cuchara lleno el vaso, y con el vaso lleno el tarro



Pero ahora la actividad va más allá. Se trata de utilizar la lógica, de razonar qué sucede y porqué sucede, de hacer hipótesis y comprobar su certeza. Para ello introduzco macarrones de caracol entre la sopa. 
Hasta ahora la sopa se deslizaba con facilidad por el embudo, pero ahora la mezcla no pasa, solo se filtran algunos granos de sopa. Los niños lo intentan con la cuchara, remueven la mezcla tratando que caiga...pero nada. 
—Mira qué pasa.
—Se han parado.
—No caen.
—No pasa.
 Me acerco a ellos y lo confirmo.
—Es cierto, la sopa ya no cae por el embudo. ¿Porqué será? 


La sopa se desliza con facilidad por el embudo, pero los macarrones...



Ellos miran el embudo, lo levantan y lo inspeccionan. Algunos intentan desatascarlo con el dedo. Otros lo golpean para forzar el paso de la mezcla. Hay quien lo vuelca. Como no lo consiguen observan al compañero para ver cómo soluciona el problema.
—Jolín, que no cae— se enfadan los más impacientes. 
—Es cierto, el embudo está atascado, ¿qué crees que ha pasado?
—Son los macarrones— muy buena la deducción.
—Sí, son los macarrones— reconozco,  pero, ¿que pasa con los macarrones?
Nuevamente observan pensativos, con atención, el embudo.
—El agujero es pequeño dice, finalmente, uno de los niños. 
Y todos vuelven a observar el agujero, introducen el dedo para confirmarlo, luego un poco de sopa, una cucharada de macarrones... Es decir, tratan de comprobar la veracidad de esta afirmación. 

Yo no he dado la respuesta, han sido ellos, a través de un proceso guiado, quienes la han obtenido. Han establecido una relación causa-efecto. 



El agujero es pequeño!!!


No sé que habrá quedado en sus mentes, espero que al menos el gusto por descubrir el cómo y el porque, máxime en esta edad en la que el "porqué" es el pan nuestro de cada día.
Manipular, observar, comparar, relacionar, deducir, atribuir, confirmar, inferir, aprehender… son actividades propias de algunas fases del proceso de aprendizaje. Operaciones que llevan a la adquisición del conocimiento. Seguiremos en ello.


sábado, 14 de mayo de 2016

Proyecto: Los alimentos I

Como este tema es muy largo, lo iré subiendo por partes, para que no resulte muy pesado de leer. Casi cuatro semanas hemos dedicado a aprender sobre los alimentos, y he tratado de que fuera un aprendizaje sobre todo experimental y multisensorial. Lo dijo Arisóteles, “Nada se queda en el cerebro que no haya pasado antes por los sentidos”.

Comenzamos, como siempre, con el mural que introduce cada nuevo tema. Esta vez refleja una familia comiendo, lo que nos da pie para hablar de los alimentos que vemos, lo que le gusta comer a cada uno, el comportamiento en la mesa, los hábitos de autonomía, etc. Estas ideas se reforzarán más tarde a través de los cuentos. 


                         
Hábitos de autonomía entorno a los alimentos y las comidas


Yo presento el mural, dejo que observen, escucho sus comentarios y luego hago preguntas. Se trata de saber de dónde partimos, qué conocimientos previos tienen los peques sobre el tema, y a dónde queremos llegar, es decir, qué queremos que aprendan. Los comentarios son de lo más variado, y siempre relacionados con sus experiencias personales. Por absurdas que nos puedan parecer siempre se valoran sus palabras, pues nos indican por donde van sus intereses.


El mural de la segunda semana representaba un supermercado. Y es que nos había costado un trabajo increíble deducir que los alimentos no nacen en el frigorífico, sino que se compran en el súper, en la panadería (como la del abuelo de Nacho), en la carnicería (como la de la mamá de Ismael), en la frutería, la pescadería... 


Los murales quedan expuestos y ellos de vez en cuando se acercan, observan, evocan, reconocen, interpretan, hablan... Algunos días, alguno de los peques toma mi sitio en la silla y me imita. Me encanta que hagan esto. Es posible que ellos solo quieran jugar a imitarme, pero este juego supone recordar lo aprendido, recuperarlo, reelaborar esa información, encontrar las palabras para expresarla, captar la atención de los compañeros (que, curiosamente, sí que les prestan atención), etc. Resumiendo, supone en refuerzo importantísimo de los conocimientos recién adquiridos y un considerable aumento del input temático.


Mirad, aquí hay tres barras de pan: una, dos y tres


Algunas mamás me habían comentado que a sus peques  no les gustaba el zumo natural y aprovechamos ese tema para hacer zumo de naranja todos los días. Podéis imaginar el entusiasmo con el que acogieron la actividad. Los peques se sentían especialmente interesados en el manejo del exprimidor, ese artefacto que en casa casi nadie les deja utilizar. ¡Qué subidón de autoestima hacer zumo como lo hace mama!


Para mí, un segundo objetivo era centrar su atención en algunos aspectos matemáticos. Así que dispusimos sobre la mesa varios exprimidores y dos medias naranjas para cada niño.
— ¿Cuántas naranjas tienes?— les voy preguntando.
—Hay dos—contestan los peques observando sus mitades.
—¿Seguro? ¿Son dos o una naranja?—pregunto yo.

Se quedan mirando, pensativos, tratando de dilucidar la respuesta. Entonces cojo las dos mitades, las junto y reconstruyo la fruta. Ellos me imitan y hacen lo mismo, unen y separan las dos partes una y otra vez. Parece que intentan buscar una respuesta a través de la manipulación. No imagino lo que puede estar pasando por sus cabecitas. Si es un sola naranja, ¿cómo es que ellos ven dos partes? La trasformación de la materia aún no es fácil de comprender para ellos. Al final uno de los peques dijo:
—Es una así (une las dos mitades) y dos así (las separa)— y lo dijo con tal convencimiento, que solo le faltó añadir “y punto pelota”.
— Y ahora están vacías— me dijo al momento mostrando las mitades ya exprimidas.


                   
                ¿Es una naranja o son dos?                             Hay mucho zumo y las naranjas están vacías















Después hay que servir el zumo en los vasos, y ¡ojo! esto de trasvasar líquidos no es tan fácil como parece. El trasvase de líquidos es una actividad muy presente en la metodología Montessori, que requiere poner en escena diferentes habilidades: sopesar el recipiente grande y en función de su peso inclinarlo más o menos para conseguir trasladar el líquido sin derramarlo, liberar una mano para sujetar el vaso, etc . Cuando la jarra está muy llena necesitan ayuda, cuando va quedando poco zumo ya lo hacen solos...


Servir el zumo sin derramarlo



Y seguimos con otra actividad de tipo matemático, que tiene como objetivos principales la comparación de cantidades y formas. Es el taller de pizzas. Se puede decir que un niño no ha asimilado una forma determinada hasta que no es capaz de reconocerla en elementos del entorno. Por ejemplo, en clase tenemos un reloj cuadrado y otro redondo y ellos saben diferenciarlos, o eligen si quieren comer galleta redonda o cuadra, o razonan que un objeto es redondo o no si consiguen hacerlo rodar o no, etc. En esta ocasión haremos pizzas de diferentes formas.

Previamente he recortado las masas para lograr tres formas y las he colocado en su envase original. Ellos están habituados a ver las pizzas de forma redonda, por eso cuando me ven sacar las cuadradas y triangulares se quedan muy sorprendidos. Pero al momento reconocen cada una de las formas y las relacionan  con las plantillas que tenemos en la pared para repasar con el dedo.


Pizzas con forma de círculo, cuadrado, triángulo



Empezamos nombrando todos los elementos que nos hacen falta para realizar la actividad y a medida que vamos  desarrollando la tarea la vamos verbalizando: “esto no es un frasco, es un envase de cartón,  se llama tetrabrick. ¿En casa teneis?”  “ Síííí, la leche, el zumo, el vino…” ¡Ja,ja,ja!¡De cuantas cosas nos enteramos! 
"Ahora vamos a cortar el jamón". Me interesa especialmente esta operación, que observen cómo  un trozo grande de jamón se puede trasformar en muchos pedazos pequeños. Esto de la trasformación de la materia es  algo que nuestros peques aún  no están en la edad de comprender, pero mientras tanto van preparando el camino a través de este tipo de experiencias. Lo mismo sucede con el queso, que al rallarlo “desaparece”.


Un trozo grande se convierte en muchos pedazos pequeños


El queso "desaparece" al rallarlo
















También tienen que formular sus propias hipótesis, cuando pregunto si ya tienen suficiente queso rallado para cubrir la pizza,  unos contestan que sí y otros que no. Despues, a la hora de repartirlo por encima de las masas  comprobarán si han acertado o no.  


                       
Repartimos el jamón y el queso... y comprobamos que hay suficiente cantidad.


Toda la tarea se desarrolló con mucho entusiasmo por parte de los peques. Había que  cooperar para rayar el queso, cortar el jamón sin cortarse los dedos, compartir las tablas de cortar, ponerse de acuerdo para extender los ingredientes, para llevarlas  al horno… Y  todo lo hicieron sin disputarse el turno o los utensilios, sin tirar las cosas ni ensuciar más de lo normal, picoteando de aquí y de allí, probando el tomate, el jamón…Era tanta la excitación  que al terminar ya querían comerse las pizzas, sin esperar a hornearlas. Las llevamos al horno de la cocina y mientras se cocían la espera fue…¡Qué nervios!

Bueno, hicimos seis pizzas y no quedó nada de nada. Comieron con tal fruición como si nunca las hubieran probado. A todos nos supieron a gloria. Y es que... compartir la comida después del esfuerzo es una delicia.  

Finalmente llevamos los cacharros al fregadero y limpiamos las mesas. Este día un ambiente especial se respiraba: de disfrute, de fiesta, de cooperación... De verdad que no parecía mañana de viernes. 


Llevamos los cacharros al fregadero y limpiamos las mesas



Realizamos también actividades para potenciar el pensamiento lógico. Unos días son adivinanzas y otros es discriminación visual: en una bandeja  presentamos diferentes objetos  y se les pide seleccionar aquellos que se utilizan para comer.  Parece algo sencillo pero no lo es, sobre todo porque cuando haces la pregunta los peques, de alguna manera se sienten evaluados, y, a veces,  dan la respuesta  sin pensar, solo a ver si aciertan.  Otro día tendrán que agrupar cucharas y cubiertos según el material de que están hechos, plástico, madera o metal.

Señalar los objetos que utilizamos para comer.

Bueno, por hoy vale. En breve subiré lo que aún queda por narrar de este centro de interés.


miércoles, 4 de mayo de 2016

Quijote y Sancho


Por circunstancias personales ineludibles estas semanas no he podido escribir, como era mi intención, incluso he tenido el blog cerrado, pero aquí sigo.

Dada la proximidad de fechas, en esta entrada voy a reflejar las actividades realizadas estas dos semanas pasadas, dedicadas al Día del Libro y al Día de la Madre, y dejaré para la próxima la dedicada a los alimentos.

Todos sabéis que este año se celebra el cuatrocientos aniversario de la muerte de Cervantes. Por eso dedicamos una semana a rendir nuestro pequeño homenaje al autor español más reconocido y conocido a nivel mundial, y a su obra más leída y traducida, El Quijote. 



Los dos primeros días de la semana los dedicamos a conocer a los  personajes principales. Naturalmente que no narramos la obra completa, sino que nos centramos en el episodio de los molinos de viento. 

Primero presentamos los personajes a través del libro “Mi primer Quijote”, para que fueran capaces de diferenciarlos e identificarlos por sus atributos: Don Quijote alto y delgado, Sancho Panza bajo y gordo. 
De esta forma introducimos dos conceptos opuestos que trabajaremos a partir de ahora. Como ya hemos comenzado a disfrutar del patio, los peques podrán percibir y afianzar estas nociones de la mejor forma posible: a través de la experiencia sensorial. Esto es, abrazando los troncos de los árboles del patio, unos gruesos y otros delgados, y así aprehender y apropiarse de los nuevos conceptos.



Grueso, gordo
Fino, delgado

En ese mismo libro aparece también el episodio en el que Don Quijote ataca a un rebaño de ovejas al confundirlo con un batallón de soldados. Así que cada día,  después de visionar la parte correspondiente a la batalla de los molinos de viento decían los peques “ahora cuéntanos la batalla de las ovejas”.


Ahora cuéntanos las batalla de las ovejas



En el ordenador visionamos el capítulo  de la serie de dibujos animados realizada por TVE hace un montón de años, cuando muchos de nuestros lectores aún erais niños. 






Les gustó mucho y quisieron verlo unas cuantas veces cada día. Y al terminar todos se iban de nuevo al libro para observar a Don Quijote con sus “pupas” en la cara y las manos. "¡Pobre Don Quijote!", decían compungidos. Y hasta se les ocurrió la idea de ponerle tiritas en las heridas. Ahora que lo pienso, más que una ocurrencia creo que  fue un acto de empatía.


¡Pobre Don Quijote! Le pondremos unas tiritas

Habitualmente, cuando cantamos canciones trato de elegir aquellas que tienen una letra sencilla y fácilmente comprensible para los niños. En esta ocasión, nos apropiamos de la banda sonora de la serie, nos quedamos con el estribillo e inventamos una letra, que refleja algunas características del  personaje:
Sancho, Quijote,
Quijote, Sancho.
Don Quijote de la Mancha,
tiene escudo y tiene lanza,
y también tiene un amigo, 
que se llama Sancho Panza.
Sancho, Quijote,
Quijote, Sancho.


Conocer y hacer los molinos de viento nos sirvió para repasar una figura geométrica que ya habíamos conocido con anterioridad, una cruz, que es la forma que tienen las aspas. 

Una mañana la dedicamos a hacer la nueva figura con depresores linguales y palitos de helado. Esta actividad fue diseñada como refuerzo para la motricidad fina, pues previamente tenían que sacar los depresores de sus envoltorios rasgando el papal. Y os puedo asegurar que no les fue nada fácil y casi todos necesitaron ayuda. 


¡Qué difícil rasgar el papel!



Seguidamente les animamos a formar cruces y aunque al principio decían “yo no sé” (como siempre), pues todos terminaron componiendo una cruz. Ese "yo no sé" es demasiado habitual, y si les hacemos mucho caso terminamos haciendo por ellos las cosas que les corresponden. Y ya os lo digo con frecuencia,  hacer por un niño aquello de lo que él es capaz  (utilizar el baño, colgarse la ropa, comer solo, etc.), es limitar su desarrollo.

Después se les dejó formar las figuras que a ellos se les ocurriera, y la verdad es que estuvieron muy creativos, me sorprendió su inteligencia viso-espacial. A ojos de un matemático esto serían líneas paralelas, quebradas, perpendiculares... Pero para los niños esto son cosas mucho, pero mucho más importantes:

—Esto es un tejado y es un triángulo...

Esto es un tractor con un remolque, y otro tractor con otro remolque y otro tractor con otro remolque. 
—Un ten (tren), mira un ten (tren)
La jaula de Hansel y Gretel
—Esto es la cochera del remolque..


El tejado de una casa...
Un tren...


Una jaula

Tres tractores y tres remolques
Un molino..




Como actividad de expresión plástica hicimos unos molinos, pues mi idea era recrear este episodio del Quijote.  Los peques pintaron  con témpera blanca un tubo de cartón, y entre Vane y yo colocamos las aspas y el tejado.


Aquí hay que agradecer a uno de los papás (gracias, Nacho) el trabajo que se tomó para agujerear los depresores. Que los padres se impliquen tan activamente en las actividades del centro es de agradecer, sobre todo por los niños. Les encanta presumir de las cosas que hacen sus papis para la guarde.
No olvidemos que la comunidad educativa la formamos todos, los niños, las familias, la gente del entorno y las educadoras.



                                       

Conseguir unos muñecos de Don Quijote y  Sancho para recrear este capítulo ya fue otra tarea más complicada. Rebusqué entre los restos de  Play móvil de mis hijos que aún quedan por casa y encontré algunas cosas que podían servir: un caballo, un burro, varios muñecos y unos cuantos accesorios. Como estos muñecos son todos iguales pero había que lograr las características de cada personaje de la manera lo más fidedigna posible, lo que hice fue suplementar un muñeco con plastilina para hacerlo gordo y bajo, como Sancho Panza. 

A Don Quijote primero lo forré de papel aluminio para simular la armadura, pero finalmente aparecieron algunas piezas que nos sirvieron. El resultado es este:






Pues bien, ya tenemos todo, molinos y personajes. La recreación de la batalla les encantó. Uno a uno, todos estrellaron a Don Quijote contra el molino grande mientras los compañeros gritaban "¡que no son gigantes, que son molinos!". 



Allá voy, amigo Sancho
¡Que no son gigantes, que son molinos!



Al principio caballo y caballero iban a  parar al suelo tras el envite, pero uno de los peques se quedó mirando y dijo que así no, que Don Quijote se tenía que quedar colgado de “las alas” del molino. Y allí le subimos. 


Don  Quijote colgado de las "alas" del molino
 

No podía faltar la dramatización de los personajes. Y,  como en clase tenemos escurridores, los utilizamos como casco, una pica como lanza, una tapadera de cazuela como escudo y una escoba como caballo. ¡Vaya Quijotes más genuinos!



 




Finalmente se llevaron los molinos a casa, tan contentos.

Y Don quijote y Sancho están expuestos en la clase, para no olvidarnos de sus aventuras y para tener siempre presente a los personajes más conocidos de nuestra literatura.

Lucía Antolín