miércoles, 30 de marzo de 2016

La casita de chocolate

De nuevo el cuento "La casita de chocolate" fue protagonista del centro de interés dedicado a conocer la casa, sus dependencias, las actividades que en ella realizamos y la relación con el día y la noche, la grafía y cantidad asociadas el número dos, etc.
El cuento es este, aunque la grabación es del curso pasado el contenido es el mismo y la forma de contarlo tampoco ha cambiado mucho:








Al narrarlo insisto de forma especial en resaltar las emociones, que se hacen tangibles en cada una de las escenas que se van sucediendo en la narración. (Estas láminas corresponden al método Cuentoaventura de la desaparecida Editorial Everest).

Lo narramos prácticamente todos los días. Y todos los días los peques vuelven a sentir con Hansel y Gretel la felicidad de saberse queridos, ponderados y protegidos por sus padres, unos sentimientos que les proporcionan la seguridad, autoconfianza y autonomía suficientes para salir a explorar el mundo. Un mundo que resulta ser hostil, en el que se sienten perdidos, desamparados, con miedo, sin referentes. 

Sin embargo, la confianza en sí mismos y en sus propias posibilidades les llevan a burlar a la bruja, a resolver la situación con ingenio y valentía, para situarse de nuevo en el camino de la felicidad. Para volver a empezar. Para entrar en una espiral de autocombustión que potencie un crecimiento emocional saludable, retroalimentándose en unos éxitos para conseguir alcanzar otros. 

También cada día cantamos y bailamos una canción que habla de la familia y las actividades que los peques realizan en sus casas. Cantar y bailar, libremente, sin imposición, por el placer de disfrutar. Magnífica forma de empezar el día. Y después seguirá fluyendo la mañana, las actividades programadas, las rutinas, el juego libre. La canción es esta:




A través del mural pudimos reconocer y diferenciar las distintas dependencias de la casa y las actividades que en ellas realizamos. Aquí pudimos repasar algunos hábitos de autonomía personal, como ir solo al baño ( “Y yo hago pis de pie”, apunta uno de los peques, proclamando el hecho como una importante conquista personal), hábitos como lavarse y secarse las manos, como recoger nuestros juguetes o colgar nuestra chaqueta…
—Es que mi percha está muy alta— nos explica otro, no sé muy bien si justificando que en su casa no lo hace o protestando porque no puede hacerlo.
—Yo le diré a mamá que te coloque la percha a tu alcance — le prometo. Y él asiente ufano, sabiéndose perfectamente capaz de hacerlo, porque ya es mayor, porque en la guarde ya lo hace a diario. 



Las habitaciones de la casa y las actividades que en ellas realizamos


También “les echo un sermón” sobre algunas actividades que ellos no pueden, mejor dicho, no deberían hacer, por el peligro que suponen: si nos subimos a las estanterías para coger objetos altos nos podemos caer, si tocamos o manipulamos la cocina o el horno podemos quemarnos, si utilizamos cuchillos o tijeras podemos cortarnos…
—Yo no, yo “codto” el filete y no me “codto” con el cuchillo.—Siempre hay algún valiente que va más allá, que ya ha superado esta fase, que se erige como modelo a seguir, que provoca la admiración de los demás.
—Y yo tampoco—por supuesto, nadie quiere quedarse atrás.

Uno de los últimos días, a modo de evaluación, les organicé por parejas y a cada pareja le dí una lámina, correspondiente a una de las cuatro estancias principales. Les dije que tenían que observar y hablar con su compañero de lo que veían.
Las láminas están diseñadas para recoger algunos de los conceptos que trabajamos en ese eje temático: encima- debajo, dentro-fuera, la cantidad dos, etc., pero lo que realmente comentaron fueron aspectos inherentes a su propia actividad en el hogar. De sus comentarios pude deducir que habían interiorizado bien mis recomendaciones encaminadas a prevenir accidentes domésticos:
—Mira, no toques, que está encendida—decía uno señalando un fuego de la cocina pintado de rojo.
—Y sale agua del grifo.
—Hay una comida caliente.
—No se puede tocar, porque te quemas.

—Mira, encima del armario hay dos pelotas. Pero están muy altas. Y yo no puedo subir.
—Sí, hay muchas.
—No, muchas no, hay dos—y colocaba sus deditos para enseñarle a su compañera cuantos son dos. Y como ella no acertaba a ordenar los suyos, él, paciente y amoroso, le ayudaba a colocárselos. "Así, dos, ves, dos". ¡Qué deliciosos estos momentos en los que el egocentrismo empieza a declinar y el compañerismo comienza a hacerse presente presente de manera natural!


No toques, que está encendida...
Así, ¿ves?, estos son dos.

Una de las actividades que más les sorprendió y gustó fue observar las imágenes de sus casas en el ordenador. Previamente había pedido a las familias que me enviaran al whasapp las fotos de los rincones más personales de los peques: su dormitorio, su sofá, su zona de juegos… las pasé al ordenador y se las iba mostrando pero sin decir a quien pertenecían. Sin embargo, ellos, arremolinados entorno a la pantalla, enseguida reconocían su propia casa. "¿Porqué está ahí mi casa?", preguntaban algunos. Buena pregunta.


Con este tema inauguramos una nueva sección, para trabajar el pensamiento lógico, las adivinanzas:

  • ¿Qué es una cosa que sirve para comer y tiene pinchos? 
  • ¿Que es una cosa que sirve para limpiar el suelo y tiene mango largo? (Yo estaba pensando en la escoba, pero ellos me dijeron la fregona, ¡Claro! como funciona con agua es más atractiva) 
  • ¿La servilleta sirve para barrer? 
  • ¿La cama es para bañarse?

¡Qué tonterías! podeis pensar los adultos que estáis leyendo. Pero a los peques estas preguntas les obligan a centrar el pensamiento para elaborar una respuesta. Lo curioso es que algunas y algunos ya, además de decir si o no, completan la respuesta de forma correcta.
—Nooo. La cama es para dormir.
—Nooo, la servilleta es para limpiarse los morros.

También hablamos del día y la noche, asociándolos con el sol y la luna, la luz y la oscuridad, y tratamos de establecer diferencias entre las actividades que hacemos durante el día y durante la noche, y los espacios en que las realizamos. La conclusión generalizada fue que por la noche hay que bañarse y dormir.
—Y leer un cuento—añadió otro.
Asociada a esta diferenciación había programado la recreación del cuadro "La noche estrellada", de V. Vangogh, pero al final no fue posible hacerla. Bueno, ahí queda de reserva, para otro centro de interés.

Otro día hicimos discriminación auditiva y reconocimos sonidos propios de una casa: el timbre de la puerta, los platos, el grifo abierto, el teléfono, la cisterna, etc. 

Y aprendimos el nombre de los muebles de la casa a través del mural y las láminas, y luego reforzamos con diferentes juegos, uno mágnético, con figuras removibles de los diferentes enseres, que los peques tenían que ir nombrando así como el espacio de la casa en el que debían colocarlo. El otro juego que también les gustó mucho fue la casita de madera, en la que colocaban a su manera los muñecos y los diferentes muebles de juguete. Algunos niños jugaban mezclándolos todos, pero otros eran capaces de diferenciar los ambientes y recrear escenas propias de cada estancia.


Yo coloco las pegatinas en su sitio
Yo siento a los papás  a ver la tele y acuesto a la niña 



La inteligencia matemática la trabajamos de forma específica con varias actividades:  el reconocimiento de la grafía y cantidad del número dos (recordad que la bruja del cuento ofrece a los niños dos caramelos).
La grafía la observaron e identificaron repasando el número con pintura de dedos, aunque para ellos lo de menos yo creo que era el número en sí, lo importante era manejar la pintura, impregnar los dedos, sentir la textura, ver surgir el color sobre el papel...


Este es el número dos

Y en cuanto al manejo de la cantidad, la actividad consistió en repartir caramelos. Lo explico mejor:
En una mesa, A, coloqué un bol con caramelos y en otra mesa, B, situé las figuras de Hansel y Gretel. La consigna era que había que darle un caramelo, solo uno, a cada personaje.
Las situaciones que se dieron fueron variadas, pero todos ellos resolvieron de forma correcta el problema. Esto fue lo que sucedió:


Algunos niños cogieron del bol de la mesa A los dos caramelos, es decir, los contaron, se fueron con ellos a la otra mesa y le repartieron uno a cada personaje. Estos peques ya menejan la noción de dos como cantidad y saben contar los elementos necesarios.     
                                                                                                                                 
    Cuento dos caramelos...



    ...y los reparto.
                                                                                 

Hubo niños que cogieron varios caramelos de la mesa A, se acercaron a los personajes de la mesa B, les repartieron uno a cada uno y los que sobraron los volvieron al bol de la mesa A.                                                                                                                                       
Pues a mí me sobra uno


Otra niña cogió un caramelo de la mesa A, se lo llevó a Hansel (mesa B), volvió a la mesa A, cogió otro caramelo y regresó a la mesa B y se lo colocó a Gretel.


Finalmente hubo una chiquilla que directamente cogió el bol de la mesa A con todos los caramelos, se trasladó con él hasta la mesa B, le repartió un caramelo a cada personaje y devolvió el bol a la primera mesa.

Yo me llevé el bol de los caramelos...

repartí uno a cada uno y lo devolví  a su sitio




Esta experiencia sirve para demostrar que un mismo problema puede ser solucionado correctamente de diversas formas. Me fascinaron con sus formas de resolver la situación. 


Otra actividad de lógica matemática consiste en poner la mesa. Sobre la mesa se colocan  tres platos de diferentes colores y en una caja están los vasos y los cubiertos. Hay que conseguir poner la mesa asociando cada elemento con el plato correspondiente. No todos lo consiguen (Hay que tener en cuenta que en el aula los niños casi se llevan un año de diferencia, unos nacidos a principios de año y otros a finales, lo que supone un nivel y ritmo madurativo diferente).
Y lo más curioso es que colocan el cubierto a un lado del plato y la cuchara y cuchillo al otro lado. Tienen sentido del orden y la armonía.













                                                   


Ya había comentado que a partir del segundo trimestre trabajaríamos de forma más específica la motricidad fina y la grafomotricidad. Para ello hicimos actividades de picado con el punzón y de trazo en la pizarra y en papel.


El punzón ya lo habían utilizado libremente en otras ocasiones, y esta semana les enseñé a picar siguiendo un trazo. Culminamos la práctica de esta destreza realizando una actividad muy motivadora para ellos, haciendo una televisión de papel. 
Les enseñe una ya realizada y se entusiasmaron. Picaron siguiendo las líneas para poder “encender la tele”, pero al terminar y levantar la ventanita de la pantalla..¡Oh, oh!, “no se ve nada, está estropeada”, protestaron ellos. "Bueno, nosotras lo arreglamos, id a jugar en los rincones que nosotras arreglamos las teles". 
Y así fue, mientras ellos jugaban Vane y yo recortamos piezas de celofán azul y personajes de sus dibujos favoritos y lo pegamos por detrás. ¡Vaya ilusión que les hizo! Se fueron para casa con su tele tan contentos como si hubiera sido una de verdad.

Mi tele está apagada.
Ya la encendí!!

Bueno, menos uno de los peques, que esos días estaba un poco así, marcando territorio, y decidió que nos plantaba cara y no hacía la tele. Cuando un chiquillo no quiere realizar una tarea no le obligamos, nuestra misión es presentar cada actividad de la forma más atractiva posible, para que todos se sientan motivados para hacerla. Pero a veces, hay niños con personalidades muy fuertes que quieren ir por libre y hay que respetarlo, claro, siempre que sus conductas no sean demasiado disruptivas. Al final, nuestro pequeño protagonista yo creo que se quedó con pena de haber roto su papel y no poder llevar a mamá un trabajo como el de los demás. Realmente aprendió la consecuencia natural de una acción libremente elegida, porque los días siguientes decía “ya no lo rompo, ya no lo rompo”


Otra de las novedades de esta semana es la introducción del trazo horizontal (hasta ahora habíamos trabajado el vertical). Para trabajar los trazos (rayas) seguimos un orden: Primero los repasamos en las plantillas acanaladas de la pared, una vez que hemos adquirido el sentido y direccionalidad del trazo pasamos a hacerlos en la pizarra (aquí aún se moviliza todo el brazo partiendo del hombro) y por último pasamos al papel. De forma progresiva irán segmentando el movimiento, pasando de movilizar el antebrazo a partir del codo a movilizar solo la mano a partir de la muñeca. Pero de forma progresiva, he dicho. Y cada uno siguiendo su ritmo personal.



Trazo horizonal  en la pizarra
Y en el papel.


Otro de los aspectos educados fue la inteligencia visoespacial, bien resolviendo puzles con las imágenes de Hansel y Gretel, bien construyendo casas para refugiarnos con los bloques de foam de la sala de psicomotricidad, bien creando casitas con elementos de espuma blanca plastificada.




Como colofón de este centro de interés, hicimos un taller de repostería, montamos nuestra propia casita de chocolate. Por cierto, comento, por si alguien tiene la misma idea, que en un principio comenzamos a hacerlo con la casita de galleta de Ikea, que aparentemente es muy bonita, pero fue imposible armarla porque las piezas se rompían. Así que tuve que optar por hacerla de bizcocho bañado en chocolate. Para el tejado utilizé bizcochos de soletilla, y para las ventanas chucherías.

Esto requiere mucha atención
¿Estará la bruja ahí dentro?
















¡Cómo gozaron los peques echando el chocolate por encima! Cada cual hizo su parte. Y, mientras, por todos los lados aparecían dedos haciendo viajes apresurados desde el tejado de la casita a la boca. Cuando estuvo terminada la miraban y remiraban, y algunos escudriñaban las ventanas para tratar de ver si dentro estaba la bruja. Pero cuando realmente disfrutaron un montón fue a la hora de degustarla. 

Sobre todo porque de repente apareció un personaje que les dejó boquiabiertos. ¡La bruja!

 



¡Ja, ja,ja! Más de uno se escondió debajo de la mesa, no fuera a suceder que como nos estábamos comiendo su casita...

Lucía Antolín.


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